“La Junta Invisible: poder, cocaína y las rutas del siglo XXI”: El mito y la realidad: ¿qué es la ‘junta del narcotráfico’?
Unidad investigativa – El ultimo renglón
La llamada ‘junta del narcotráfico’ no aparece en ningún organigrama oficial, ni en expedientes judiciales, pero su sombra recorre discursos presidenciales y pasillos de agencias de inteligencia. El mito está sembrado. La pregunta ahora es quiénes son los rostros que le dan vida: banqueros en paraísos fiscales, capos reciclados de viejas guerras de cocaína, brokers que se mueven con pasaporte europeo y empresarios de lujos en Dubái. En esta primera entrega rastreamos qué hay de verdad detrás del concepto y cómo se ha convertido en una de las narrativas más inquietantes de la política antidrogas en América Latina.
Episodio 1 — ¿Qué es (y qué no es) la “junta del narcotráfico”?
La frase que encendió el debate
En junio y agosto de 2025, el presidente colombiano Gustavo Petro popularizó la idea de una “junta del narcotráfico” que —según él— coordinaría crímenes y atentados desde Dubái y otros puntos del exterior. La expresión saltó del discurso político a los titulares, generando preguntas clave: ¿existe realmente una cúpula transnacional que “dirige” el negocio? ¿Quiénes la integrarían? ¿Hay pruebas? ¿Y por qué Dubái aparece una y otra vez en el mapa? En esta primera entrega desmontamos el término, examinamos lo que sí está documentado y ubicamos las piezas confirmadas por investigaciones internacionales.
¿Una “junta” al estilo cartel clásico? El cambio de paradigma

La palabra “junta” sugiere una mesa única de decisiones —casi una reedición global de los carteles verticales de los años ochenta—. Pero la evidencia más sólida de la última década dibuja otra cosa: mercados de cocaína y metanfetaminas dominados por redes flexibles de “brokers” que subcontratan servicios (transporte, corrupción, sicariato, lavado) y se ensamblan por envíos, no por jerarquías rígidas. Este modelo reticular aparece en informes de referencia de InSight Crime y del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (EUDA), que destacan cómo múltiples nodos se conectan y desconectan según oportunidades y riesgos. La etiqueta “junta” simplifica un entramado mucho más plástico.
La UNODC, en su World Drug Report 2025, confirma que el negocio se globalizó aún más, con récords de oferta y una diversificación de actores, rutas y puertos de salida hacia Europa, África Occidental y el Mediterráneo. Ese ensanchamiento refuerza la lógica de nodos especializados y reduce la probabilidad de un “comando central” único.
Entonces, ¿de dónde sale Dubái?
La mención a Dubái no es gratuita. Varias investigaciones periodísticas y policiales muestran que Emiratos Árabes Unidos —en particular Dubái— funcionó como hub residencial y financiero para presuntos capos y “altos valores” (HVT) europeos y latinoamericanos en la década pasada. El proyecto Dubai Unlocked (OCCRP y C4ADS) documentó la propiedad de inmuebles por parte de acusados de corrupción y crimen organizado, aprovechando vacíos regulatorios del mercado inmobiliario. En paralelo, Europol situó detenciones de “supercarteles” con cabecillas arrestados en Dubái durante la operación Desert Light en 2022. Todo esto no prueba una “junta”, pero sí concentración de tomadores de decisiones que prefirieron vivir y mover dinero allí.
La tesis policial europea es clara: varios “organizadores de alto nivel” —desde neerlandeses y balcánicos hasta irlandeses— usaron Dubái para negociar grandes compras, lavar utilidades y coordinar envíos hacia Europa. Dos hitos recientes apuntalan que ese refugio se está estrechando: (1) la sentencia a cadena perpetua en Países Bajos contra Ridouan Taghi (2024), figura central del hampa neerlandesa con vínculos en Dubái, y (2) el primer traslado por extradición desde EAU a Irlanda de Sean McGovern, pieza clave del cartel Kinahan (mayo de 2025), tras la entrada en vigor del tratado bilateral de extradición.
¿Es lo mismo un “supercartel” que una “junta”?
No. La propia Europol, al anunciar Desert Light, habló de una coalición (“supercartel”) que controlaba buena parte del mercado europeo, pero compuesta por agrupaciones que cooperaban por conveniencia más que por obediencia vertical. Es una alianza funcional, no un consejo directivo permanente. Tras Desert Light y otras acciones en 2023–2024, la policía europea insistió en que varias de esas redes se recomponen con rapidez. La fluidez contradice la idea de una “junta” estable y única.
¿Quiénes la integrarían, según los discursos?

Las enumeraciones políticas en Colombia han mencionado nombres disímiles: desde empresarios esmeralderos hasta traficantes del Cono Sur y balcánicos. En los relatos mediáticos que siguieron a Petro se citan, por ejemplo, a Julio Lozano (alias “Patricia”, radicado en Dubái), al uruguayo Sebastián Marset, al albanés Dritan Gjika y al español Alejandro Salgado. Pero, a día de hoy, la Fiscalía colombiana no ha presentado una investigación formal que pruebe la existencia de una “junta” con actas, miembros y mando unificado. Es decir: hay personas investigadas por crímenes y lavado, hay coincidencias geográficas y negocios, pero no hay expediente judicial que respalde la categoría “junta”.
El caso Marset, un ejemplo de alcance real… y límites probatorios
Marset, presunto exportador de cocaína hacia Europa, niega haber ordenado el asesinato del fiscal paraguayo Marcelo Pecci (2022), aunque distintos gobiernos lo han señalado públicamente; el caso sigue abierto con recompensas de EE. UU. por información sobre co-conspiradores. Lo que sí está probado: su red y entorno enfrentan causas por lavado y tráfico en varios países, y su pareja fue arrestada en 2024 en Madrid con pedidos de extradición. Eso habla de una organización transnacional, no necesariamente de una “junta” con otros clanes.
Los balcánicos y la “oficina” en Sudamérica
Informes recientes del Global Initiative Against Transnational Organized Crime muestran que grupos de los Balcanes occidentales han construido “oficinas” y residencias en puertos y ciudades de Sudamérica para negociar compra directa, recortar intermediarios y dominar rutas hacia Europa. A menudo, esos brokers usan terceros países como plataformas de vida y finanzas —y ahí entra Dubái—. De nuevo: cooperación por proyecto, no cadena de mando tipo “junta”.
¿Dirigen “desde Dubái”? Lo que sí sabemos
Hecho 1: Residencia y logística. Varias figuras de alto perfil se mudaron a Dubái en los últimos años por su conectividad, su atractivo fiscal y —hasta hace poco— vacíos de cooperación judicial. OCCRP documentó compras inmobiliarias de perfiles de riesgo; Europol y medios europeos ubican negociaciones y detenciones allí.
Hecho 2: La tendencia a cerrarse. Ese “refugio” perdió parte de su blindaje: EAU firmó más tratados de extradición y asistencia jurídica y comenzó a ejecutar traslados. Para Irlanda, el tratado de extradición entró en vigor el 18 de mayo de 2025 y facilitó la entrega de McGovern el 29 de mayo de 2025. Son señales de que la ventana de impunidad se estrecha.
Hecho 3: ¿Una sala de mando? No hay documentos públicos que acrediten una estructura única que “dirija” desde Dubái el conjunto del narcotráfico latinoamericano o europeo. Lo que sí hay es co-localización de capos, corredores y financieros que se coordinan por operaciones, usan criptocomunicaciones y confían en servicios especializados (transportistas, contadores, abogados). De ahí surge la confusión: la densidad de actores en un mismo lugar puede parecer una “junta”, pero la arquitectura real es más federada y oportunista
Lo que dicen los expertos (y qué evidencia les respalda)

Analistas de crimen organizado consultados para esta serie —y coincidentes con hallazgos de InSight Crime y EUDA— sostienen que la cocaína “desverticalizó” el negocio: hoy manda la logística y el capital circulante, no tanto una “marca cartel”. “La integración es por contenedor, por lote, por temporada”, explican, “y los pactos duran lo que dura la rentabilidad”.
UNODC (2025): más oferta, más diversidad de actores y rutas; los shocks represivos desarticulan grupos, pero el mercado se reconstituye con rapidez gracias a redes flexibles y brokers.
Global Initiative (2025): los balcánicos consolidaron posiciones en Sudamérica y puertos clave; son compradores directos que arman consorcios temporales con latinoamericanos y europeos.
Europol (2022–2024): hubo cabecillas arrestados en Dubái y coaliciones desmanteladas, pero el fenómeno es de “supercarteles” cooperativos, no de una “junta” monolítica.
Golpes recientes que ayudan a medir la narrativa
Caso Taghi (Países Bajos, 2024): cadena perpetua para una de las figuras más temidas del hampa neerlandesa, con ecos en Dubái. El proceso mostró redes de sicariato y lavado de alto nivel, pero no una “junta” global única.
Desert Light (Europa, 2022): redadas coordinadas en seis países; altos valores detenidos en Dubái. La propia operación la describe como una coalición.
Kinahan (Irlanda/EAU, 2025): el primer extraditado desde EAU a Irlanda (McGovern) marca un hito de cooperación judicial y presiona a redes que residían en Dubái.
¿Cómo leer, entonces, la expresión “junta del narcotráfico”?
Como metáfora política de algo que sí es real: concentración de poder criminal en pocos brokers con residencia y patrimonios offshore que se coordinan transnacionalmente. Pero como categoría jurídica o de inteligencia con jerarquía formal, no está probada. Y usarla sin matices puede obstaculizar la comprensión de cómo operan de verdad estas redes: por alianzas modulares, con servicios tercerizados y espacios seguros para vivir, negociar y mover dinero.
Lo que falta por probar (y qué mirar en adelante)
Estructura formal: ¿existen estatutos, actas, canales recurrentes y mecanismos disciplinarios comunes a clanes irlandeses, balcánicos, brasileños o andinos? Hasta ahora, no hay evidencia pública.
Mando compartido sobre violencia política: discursos han atribuido magnicidios y atentados a esa “junta”. Faltan acreditaciones procesales que conecten órdenes y pagos entre nodos en EAU y ejecutores locales.
Nuevo ciclo de cooperación con EAU: si el modelo Dubái pierde atractivo por el endurecimiento de tratados y extradiciones, veremos relocalizaciones (Cáucaso, Asia Central, África). Eso ya lo consideran agencias europeas tras el caso McGovern.
Por qué importa el matiz
Para una investigación a fondo —y para políticas públicas— no es lo mismo perseguir una “junta” imaginaria que seguir el dinero, los brokers y las rutas. Los golpes que han funcionado en Europa y Sudamérica atacan servicios críticos:
Logística marítima y puertos (inspecciones inteligentes y “targeting” por riesgo),
Finanzas y bienes raíces (beneficiario final, deudas, seguros),
Cooperación judicial (extradiciones y asistencia mutua aceleradas).
El caso de Irlanda con EAU, recién estrenado, es un laboratorio: ya rompió un supuesto blindaje geopolítico y envió una señal disuasoria a quienes creían que Dubái era inalcanzable.
Conclusión del Episodio 1
No hay evidencia pública de una “junta” única que dirija el narcotráfico global desde Dubái.
Sí hay redes de alto nivel que convivieron y se coordinaron por operaciones desde EAU, aprovechando su plataforma financiera e inmobiliaria —y eso ya está bajo presión por nuevos tratados y extradiciones.
El enfoque más preciso para explicar el fenómeno es el de coaliciones de brokers y servicios tercerizados que se reconfiguran con rapidez; esa es la arquitectura criminal a la que hay que mirar.
Qué viene en los próximos episodios
Episodio 2 — ¿Quiénes son los sospechosos? Radiografía de clanes y brokers (irlandeses, balcánicos, brasileños, andinos), con rutas, puertos y métodos de lavado.
Episodio 3 — Pruebas, vacíos y golpes quirúrgicos: de Desert Light al caso McGovern: qué funcionó, qué no y qué cooperación internacional falta.
Nota: Este texto se basa en informes oficiales (UNODC, Europol, EUDA), documentos de gobierno (Irlanda–EAU), bases de datos de proyectos de investigación (OCCRP/C4ADS) y cobertura de medios de alta reputación. Los fragmentos atribuidos se han parafraseado y todos los datos sensibles se han contrastado con al menos dos fuentes cuando ha sido posible.



